sábado, 22 de octubre de 2016

EL ESCAPE

He perdido el aliento de tanto correr. Ya no sé dónde estoy; de lo que sí estoy seguro es de que necesitaba escapar y mis piernas cortas me hicieron más pesarosa la huida, pero aquí estoy, a salvo al fin. Sin embargo, no pensé en el paso siguiente, y ahora me encuentro perdido entre sombras perversas.
Atrás quedaron los dedos pegajosos que me tuvieron encarcelado. Y, a pesar de no saber a qué paraje he arribado, me siento más relajado.

Sé que es imperioso descansar y me apresto a ello, en medio de las brumas de la noche. Busco algún escondite propicio, a tientas, con la luz lunar como única guía. Todo el mundo duerme ya. El silencio es total, excepto por el croar intermitente de algunos sapos.

Abriéndome paso cauteloso entre las ramas caídas, diviso un pequeño galpón, alejado de la casa principal, y hacia allí me dirijo. La pequeña construcción se me antoja perfecta y espío sus rincones. Oscuridad y silencio totales.

ε (●̮̮̃•̃) з

Detrás de mí, un crujido de hojas secas dispara una alarma que en un simple segundo derrumba todo mi temple. No me atrevo a girar mi cabeza… apenas atino a permanecer estático, con el deseo improbable de que solo se trate de un juego de mi imaginación.

Dos, tres, cinco segundos de inmovilidad, y mi respiración quiere retomar su ritmo normal. Sin embargo, no puedo, porque sé que ya no estoy solo.

Puedo olfatear mi propio miedo hediendo a orina ácida, sentir mi piel brillando de sudor frío, descubrir la enormidad de mis ojos y la sequedad de mi lengua, y en un instante comprendo que mi aventura alcanzó su epílogo.

El cazador me ha encontrado y se acerca con su red. No le importan mi resistencia ni mis aullidos, solo le importan las tajadas de mi carne que, bien sazonadas y con una guarnición que adorne y disimule su apariencia, servirá en su mesa. No le importa que haya sido amigo de sus hijos en sus momentos de distracción, ni que me hayan puesto nombre, ni que nos hayamos divertido cuando me bañaban con la manguera.

De nada me sirvió escapar. La crueldad de algunos humanos resultó ser auténtica… me habían hablado de ella, y aun siendo un cerdo no hubiera imaginado que -por los niños que me hicieron su amigo-, sería tan evidente.