jueves, 12 de noviembre de 2009

UN DESEO CUMPLIDO

Hace unos meses que mis musas se tomaron vacaciones. Mientras espero su regreso para ofrecer nuevas producciones, publico este cuento que ganó un premio literario en Relato Comansi el año pasado, donde escribí con mi seudónimo Patrulich.

Va para todos mis amigos y para quienes gusten leerme, para no perder el contacto, y agradeciéndoles humildemente que siempre me hayan acompañado, y que aún sigan haciéndolo...



"Un deseo cumplido"

El tinte púrpura se iba extendiendo más y más, abarcando la lejanía del horizonte y la cercanía del valle. Nubes como hilachas se abrían paso en medio de aquel manto, delgadas primero, ensanchándose después. Y la cara brillante del sol apareció, despegando despacito los ojos, bostezando, haciendo un guiño y sonriendo de a poco, a medida que sus brazos se estiraban en un cálido desperezarse.


Un rayo travieso de luz se coló por la ventana de una casa con techo de tejas, jugueteó con las cortinas blancas entreabiertas y acarició amorosamente el cabello de un niño que dormía, haciéndole cosquillas, abrillantando sus largas pestañas oscuras e iluminando su belleza infantil. Otro rayito se le unió, y otro más, y fueron tantos que Martín empezó a sentir un agradable calor y abrió los ojos. Tomó la mano luminosa del sol y sintió que se elevaba y salía por la ventana, liviano, contento y deseoso de vivir una aventura.

Desde los aires observó las nubes esponjosas, el césped de su parque recién cortado, las mariposas libando las flores, el techo medio descascarado de su casa, el arroyito sinuoso y angosto que mantenía el verdor del lugar sediento... Pero Martín quería ver otras cosas, cosas diferentes, lugares nuevos y divertidos y contarle a su mamá aquellas experiencias cuando despertara. Sabía que era un sueño, pero un sueño distinto.

Siguió columpiándose en brazos del sol, y vio más lejos un corral donde dormían acurrucadas las cabras junto con los perros; una colmena enorme suspendida de la rama de un árbol; unos peones ordeñando las vacas. Y un poco más allá había un caminito escarpado que se perdía entre la frondosa arboleda, que atrajo su curiosidad.

Martín siguió con su mirada hacia donde iba el caminito y casi al final se vio a sí mismo, de pie, pensativo, con cara de preocupado. Se sorprendió de verse, y un poquito se asustó, pero su curiosidad fue más fuerte y quiso saber qué le pasaba. Se fue metiendo lentamente en su cabeza para saber, para entender, para ayudar. Estaba triste porque había perdido su pelota de fútbol y no podía encontrarla, esa pelota de cuero nuevita que su papá le había regalado y que llevaba a todos lados consigo, la pelota "de la suerte", con la que había hecho tantos goles en la cancha del barrio. Se había ido muy lejos buscándola por todas partes, y no había sabido regresar a su casa.

Desde la altura, el niño quiso ayudar a su doble y miró aquí y allá, adelante y atrás, a un costado y al otro, hasta que halló el balón en brazos de un niño más pequeño que él, todo sucio y despeinado, descalzo y harapiento, que miraba su hallazgo con admiración y arrobamiento. Su mirada opaca se había iluminado y lanzaba destellos; en esos momentos aquel niño era feliz, aunque sabía que al volver a su casa iba a perder parte de su alegría, no obstante quería aprovechar ahora ese instante fugaz.

Martín volvió a acunarse sonriente en los brazos luminosos, a navegar por el cielo sentado en una nube, sintiendo una sensación extraña en el pecho. Quería volver a su cama para poder despertar y contarle al Martín real lo que había visto.

Cuando finalmente despertó, el sol entraba a raudales por su ventana y corrió a darle la bienvenida. Tarareaba despacito una canción mientras se vestía y salía apurado de la casa, bajo la mirada asombrada de su mamá. Buscó por todas partes su pelota nueva de fútbol, aquí y allá, adelante y atrás, a un costado y al otro, tratando de no perderse por un caminito largo... No la halló, pero de pie ante una cabaña semiderruida estaba el otro niño, el pequeño de ojos tristes ahora contentos, que jugaba con el balón que había encontrado atascado entre las piedras.

Martín sintió que su deseo de recuperar su pelota se había evaporado y en su lugar apareció una alegría infinita, una paz enorme y un deseo interminaaaaable de que aquel muchachito fuera feliz. Sabía que su balón estaba en buenas manos, o quizás, en buenos brazos, sabía que estaría bien cuidado y tendría algo que quizás a él le faltaba aprender: un verdadero valor por las cosas obtenidas.




13 comentarios:

Adolfo Payés dijo...

Maravilloso texto como siempre..


Un beso..


Un abrazo
Con mis
Saludos fraternos..

Isabel dijo...

Lo recuerdo, y me sigue pareciendo maravilloso. Un beso grande, linda.

Antiqva dijo...

Amiga, ahora como entonces me encantó... Pero, ¿como es eso de las musas huyeron...?

Eso no puede ser, seguro que es que no practicas lo suficiente... Las musas ni van ni vienen, es el empeño el que las trae...

Un fuerte abrazo

Adrisol dijo...

ya te lo había dicho.....hermoso lo que escribiste y por eso este merecido premio!!!!

no sé que hacen las musas,porqué no escribo,pero en cualquier momento apareceran!!
podrás trabajar muy bien de secretaria y ser en computación excelente,pero.........
la poetisa que llevas adentro será lo que te hará feliz, (es mi pensamiento,claro,no la verdad absoluta)

besosssssssssssss

Meret ® dijo...

Estoy segura que las musas aparecerán cuando menos lo esperes...
Tienes alma y corazón de poeta, amiga.

Preciosa tu entrada.

Besos.

Rosario dijo...

Las musas estan contigo, no se te ocurra parar, empieza a darle a la teclas y escribe.
Un abrazo fuerte Rosario

vision femenina dijo...

Preciossoooo, sigo pensándo patri que tenés que hacer libros infantiles no para niños bebés para ma´s grandes, pre.adolescentes que tanto necesitan este tipo de mensajes, tipo aprendizajes, averiguaste eso de publicar aunque sea libros pequeños, que se puedan repartir en el barrio, al principio gratis y después podés pasar a ver de venderlos.....
Salio mi parte empresarial, es cuestión de averiguar no??
hoy te dí la lata patri
buen finde te quiero amiga

andrea
vision-femenina

Silvia García dijo...

Que bonito querida Patri!!! realmente precioso, y tiene todo tu estilo, dulce, mágico, soñador.
Tus musas volverán, solo se habrán guardado por un tiempo, esperando que tú recuperes la risa, la esperanza, el amor.
Un abrazo. Te quiero
Silvia

toñi dijo...

Las musas nunca te abandonarán segurito que andan muy cerca

Un beso Patri

Catalina Zentner dijo...

Un premio merecido, Patricia. En cuanto a las musas, también las mías están reacias últimamente. Las vamos a esperar, ¿sí?

Abrazos,

thot dijo...

Precioso cuento Patricia y tan bien escrito !!
Tus musas se habrán ido con las mías pero volverán con inspiraciones nuevas. Espero que vuelvan pronto porque se van a llevar una bronca, ¿qué horas son estás de volver ehhh? ainsss...:)
Un besooo guapa.

MAMUCHA SILVIA dijo...

HOLA PATRI, PRECIOSO EL RELATO ¡¡¡¡¡¡¡
TE DEJO UN BESITO GRANDE, NOS VEMOS¡¡

文章 dijo...
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