La huella de tus pasos se fue borrando,
desviando, disolviendo, esfumando.
El eco de tu voz ya se ha perdido
y el brillo de tus ojos se ha gastado.
La nube está ocultando al sol, de lado a lado,
el cielo se puso gris, oscuro, nublado,
y casi en el horizonte, una fina línea
de contornos sutiles, desdibujados.

Más allá, sin embargo, veo, lejano,
un tenue camino marcado de huellas
de pasos perdidos salidos de rumbo,
que buscan, que sellan, que escapan, que esperan.
Aún no es tarde para el reencuentro.
El sendero te acepta, te ayuda, te sostiene,
el sol asoma de nuevo y devuelve tu brillo,
tu voz recupera de a poco sus ecos
y la vida te integra, acariciándote,
fortaleciéndote, despejándote la mente, dándote alas.