lunes, 7 de octubre de 2013

AMIGAS DE NUEVO (con audio)




Recuerdo con un dejo de tristeza aquellos días en que no faltaba ocasión en la que la acompañara en todas sus travesías. Aún recuerdo la caricia de sus dedos y el beso de sus labios en las instancias de mayor conexión. Sin embargo, hace un tiempo que siento cómo me voy secando de a poco, con el único consuelo de alguna parca mirada suya, que no es suficiente para mitigar mi dolor y despertarme de mi largo sueño.

Cada día que pasa deseo que ella quite sus ojos del monitor de su pc y me mire. Pareciera que desde que apareció ese  feo teclado lleno de dientes cuadrados que suele usar para escribir, se ha olvidado de mí. Ni se acuerda de que en un tiempo éramos inseparables compañeras ni de que, hasta latiendo en sus manos, solía despertar su imaginación. Pero aquí está una vez más sin prestarme atención. Solo mira, piensa, espera, inmóvil, con la mirada perdida en un punto lejano de ese frío e inexpresivo monitor. Yo la conozco bien: creo que está tratando de encontrar inspiración.

La observo teclear y detenerse unos instantes, dudosa. Quisiera reclamar su atención de alguna manera eficaz, sin interrumpir su concentración pero de manera elocuente, como antes, cuando mi asistencia era necesaria y valorada.

Luego de minutos eternos, observo que algo en ella se moviliza internamente y la emoción me embarga. Por fin se pone en acción, me toma en su mano derecha y empiezo a latir, con la esperanza renaciente de que ella y yo seamos una sola sobre el papel. Sin embargo, ella se toma su tiempo… me muerde distraída, de a ratos me hace girar entre sus dedos.

¡Ahora sí! La felicidad me invade porque mi sueño comienza a hacerse realidad. Me deslizo danzarina sobre los delgados renglones, bajo la suave presión de sus dedos brillo como si estuviera sobre una pista de gala, luciendo mi mejor traje y regalándole la luminosidad de mi tinta, que es mi propia sangre.

Ella termina de escribir su frase y repara en mi auxilio desinteresado, redescubriéndome. Me besa agradecida y yo le perdono el mordiscón previo, más agradecida aún. 

Somos amigas de nuevo…